lunes, 24 de mayo de 2010

Acoso.

Él se pronunciaba sobre mi, iracundo, en frenesí tal y como un animal exento de razón
-Ahora, no te resistas ¡Perra!

Me quedé en silencio, soportando sus toques y roces.
...Era tan desagradable sentir su corpulento ser babeando y respirando sobre mi, balanceándome una y otra vez a su disposición.

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué no gritas, Puta de mierda?!-

Tuve que hacer caso omiso de sus palabras. No quería darle en el gusto. Menos si me trataba así.
Dolía, dolía... Sus macizas manos sujetaban fuertemente mis muñecas, sentía como la circulación se interrumpía y mis manos se entorpecían.


Al rato cedió y acabó.
Jamás olvidaré aquella repugnancia que sentí...
Odié tanto aquel momento...
El sudor ajeno sobre mi pecho, saliva en mi abdomen y demás.
Tan... tan repugnante.


A la mañana siguiente me dejó ir.
Me abandonó a mi suerte al costado de una tienda comercial, sin ropa, sin dignidad.







miércoles, 12 de mayo de 2010

00,1

Como un haz de luz, se posó sobre el dintel y predicó sus augurios a quien urgía en correr.

Huía, huía. Pero él lo seguía.

Gritaba, corría, lloraba.
Pero aquel no lo dejaba.

Siguió y siguió; hasta su muerte lo asechó.
Lo condenó, enterró y veló.

Cantó posado en la lápida
sin que la hora se hiciese más rápida.

Ahora, ¿a quién acosaría?
Su única víctima bajo tierra perecía.

Adiós, adiós.
susurraba a los vientos.
Y sin más pensarlo exhaló sus últimos alientos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Matices.

Oscuro, todo oscuro.
No veía ni siquiera mis manos en frente de mis ojos.
Nada, absolutamente nada.

Espera... espera...
¡Creo que ahí veo algo!
¡Es... Es una luz!
¡Se hace más tenue!
Oh, dulce luz.

Pero...
Ahora es molesta, me ciega.
¡Apaguen esa luz!
...No veo ¡esa luz es molesta!

De vuelta a la oscuridad...
...Ya empezaba a extrañarla; Mi preciada oscuridad.

lunes, 3 de mayo de 2010

Gélidos recuerdos.



Cuando volví a la alcoba, a la monótona alcoba, vi a aquella muñeca de nuevo, tendida inmóvil sobre el diván.
Me pareció haberla dejado sobre la cama
-creo- ¿Alguien la habrá movido? ¿Quién, si vivo solo? ¿Y si nadie lo hizo?
No le presté mayor importancia y me dispuse a dormir.
Contemplando a aquella haraposa y sucia muñeca sobre el diván a media noche, me pareció ver que me sonreía ¿lo hacía?
Estaba cansado, el sueño se hizo sobre mi y sellé mis párpados en un instante.

A la mañana siguiente, no podía creer lo que mis ojos veían...
Antes de que pudiese pensar algo más, oí su voz nuevamente. Fue tan grato. Quería hacerme notar, le grité incansablemente hasta que mis débiles pulmones cedieron, y mi cabeza se mareaba.
Pero sirvió de algo y me vio, sonrió y se inclinó a saludarme.
Amo tanto el ver su rostro desde cerca y sentir su dulce aliento acariciar mi rostro, suave, suavemente~
Su hipnotizadora voz me hacía sentir tanta alegría...
Sólo quería una cosa en el mundo...
Y era poder abrazarlo, decirle que lo amaba y que le estaba eternamente agradecida por rescatarme y surcir mis heridas...
Pero una fea y sucia muñeca nunca podrá corresponder el amor de un humano, porque un humano es tan inalcanzable como el cielo. Tan inalcanzable e imposible... como lo es la vida para mi.

Alprazolam




Se pronunció en mi mente una vez terminada la siesta, como un haz de luz que ciega por un par de minutos.
Huí sin saber hacia dónde iba, corrí y corrí sin detenerme, pero, él seguía aquí.
Ratas sucias y asquerosas
¿Cómo han de atraparme?
Sólo yo y nadie más que yo puede contra ustedes, infames hipócritas.
Una ambición descomedida inundaba mis pensamientos, necesitaba hacerme con él una vez más para poder así retomar el sueño.
DEBÍA eliminarlo de mi mente en ese mismo instante.

...Sin que hayan pasado tres segundos, despierto, me llevo las manos a la sien y una marejada de sensaciones descompensan mi mente.
Menos mal que todo fue un sueño, todo está en calma; Todo normal y sin alteraciones.
...Sigo frío, cómodo e intacto
¡Que ataúd tan buena!


...Quizás deba dejar de fumar.





[¿Sin sentido?...Quizás]

Sensaciones






Cada día viernes por la noche solía verla posada elegantemente sobre la brisa -o más bien la brisa posada elegantemente sobre ella- riendo con dulzura a cada transeúnte que le dedicaba una mirada.
No se amargaba la vida atacando a quien, con temor, la acariciaba. Era tan dócil como educada.
Cada día viernes por la noche solía contemplarla con una sonrisa dibujada en mi rostro, sólo unos minutos.
Me miraba con curiosidad, así como yo a ella.
Me moría por acariciarla -Como todos, o la mayoría lo hacía- pero, había algo en sus ojos que me predisponía a un ambiente psicológico poco grato.
¡Oh, cuanto me atraía ese temor!
Cada día viernes por la noche solía armarme de valor e intentaba acercarme a ella, pero, su sigilo me sugería desconfianza.
Cada día viernes por la noche solía contemplarla sólo cinco minutos...
...Solía hacerlo, hasta que la acaricié.
...Al viernes siguiente no lucía tan radiante y elegante como siempre ¿Cómo iba a hacerlo bajo tierra?