lunes, 3 de mayo de 2010

Sensaciones






Cada día viernes por la noche solía verla posada elegantemente sobre la brisa -o más bien la brisa posada elegantemente sobre ella- riendo con dulzura a cada transeúnte que le dedicaba una mirada.
No se amargaba la vida atacando a quien, con temor, la acariciaba. Era tan dócil como educada.
Cada día viernes por la noche solía contemplarla con una sonrisa dibujada en mi rostro, sólo unos minutos.
Me miraba con curiosidad, así como yo a ella.
Me moría por acariciarla -Como todos, o la mayoría lo hacía- pero, había algo en sus ojos que me predisponía a un ambiente psicológico poco grato.
¡Oh, cuanto me atraía ese temor!
Cada día viernes por la noche solía armarme de valor e intentaba acercarme a ella, pero, su sigilo me sugería desconfianza.
Cada día viernes por la noche solía contemplarla sólo cinco minutos...
...Solía hacerlo, hasta que la acaricié.
...Al viernes siguiente no lucía tan radiante y elegante como siempre ¿Cómo iba a hacerlo bajo tierra?


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