lunes, 3 de mayo de 2010

Gélidos recuerdos.



Cuando volví a la alcoba, a la monótona alcoba, vi a aquella muñeca de nuevo, tendida inmóvil sobre el diván.
Me pareció haberla dejado sobre la cama
-creo- ¿Alguien la habrá movido? ¿Quién, si vivo solo? ¿Y si nadie lo hizo?
No le presté mayor importancia y me dispuse a dormir.
Contemplando a aquella haraposa y sucia muñeca sobre el diván a media noche, me pareció ver que me sonreía ¿lo hacía?
Estaba cansado, el sueño se hizo sobre mi y sellé mis párpados en un instante.

A la mañana siguiente, no podía creer lo que mis ojos veían...
Antes de que pudiese pensar algo más, oí su voz nuevamente. Fue tan grato. Quería hacerme notar, le grité incansablemente hasta que mis débiles pulmones cedieron, y mi cabeza se mareaba.
Pero sirvió de algo y me vio, sonrió y se inclinó a saludarme.
Amo tanto el ver su rostro desde cerca y sentir su dulce aliento acariciar mi rostro, suave, suavemente~
Su hipnotizadora voz me hacía sentir tanta alegría...
Sólo quería una cosa en el mundo...
Y era poder abrazarlo, decirle que lo amaba y que le estaba eternamente agradecida por rescatarme y surcir mis heridas...
Pero una fea y sucia muñeca nunca podrá corresponder el amor de un humano, porque un humano es tan inalcanzable como el cielo. Tan inalcanzable e imposible... como lo es la vida para mi.

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